QUE HACES TÚ... CON ESOS REGALITOS
Toda relación al inicio, es como una habitación vacía que los enamorados se encargan de ir decorando poco a poco. Las fotos que se tomaron juntos; los regalitos de cada aniversario; los muñecos de peluche bautizados con tu nombre; las tarjetas de cumpleaños; los boletos de cine de películas memorables; los collares y pulseras con los nombres grabados; las postales de un viaje inolvidable; las entradas a los conciertos; las cartas las escritas en una hoja de cuaderno. Ese arsenal de cachivaches le da a una relación un respaldo escénico, un ambiente o un clima invisible de bienestar. Pero claro, todo ello sirve en la medida en que el amor este vivo. Sin embargo, una vez que todo se pudre, se termina y se va al tacho hay que desmontar toda esa pesada escenografía, iniciar la mudanza descolgando cada diploma, retirar cada afiche y despintar cada graffiti. En el fondo, no sé qué es mejor: si deshacerse de todos los trastos, o guardarlos en una caja de zapatos, esa pequeña tumba de cartón ...